Introducción
Durante generaciones, la vida del agricultor del sur de Zacatecas estuvo marcada por la incertidumbre.
No había pronósticos del clima ni calendarios modernos. Todo dependía de la tierra, del cielo y de la
lluvia que quisiera llegar.
Sembrar no era un negocio. Era una forma de sobrevivir.
La milpa: base de la vida
La agricultura de antes giraba alrededor de la milpa. Maíz, frijol y calabaza eran el sustento principal para pasar el año. En algunos sembradíos también se cultivaban chayotes, chilacayotes y otros alimentos que ayudaban a completar la dieta familiar.
Cada grano tenía valor. Cada cosecha significaba comida en la mesa.
La llegada de las lluvias
La temporada de lluvias solía llegar a mediados de junio, aunque nunca había certeza. Si la lluvia caía
a tiempo y con medida, la cosecha prometía. Si se atrasaba o caía en exceso, el trabajo de todo un año
podía perderse.
El agricultor sembraba con fe, guiado por la experiencia heredada de sus ancestros.
La luna y el conocimiento ancestral
Los ciclos de la luna guiaban el trabajo del campo. Según la fase lunar se sabía cuándo sembrar,
despuntar, piscar o guardar la cosecha.
Este conocimiento no estaba escrito. Pasaba de abuelos a padres, y de padres a hijos, aprendido en el
trabajo diario y en la observación del cielo.
Cuando la lluvia no llegaba
Cuando la lluvia escaseaba, las rancherías se unían. Se sacaba al santo patrono y se caminaba entre los
sembradíos, rezando y cantando para pedir por agua.
No era espectáculo ni costumbre vacía. Era necesidad compartida.
La ganadería y la falta de agua
La sequía no solo afectaba la siembra. También golpeaba a la ganadería. Sin agua ni pasto, los animales
se debilitaban y poco a poco se perdía lo que para el agricultor era parte esencial de la vida cotidiana.
Sin animales, sin frijol, sin maíz… aun así resistía
Hubo tiempos en los que no hubo cosecha ni ganado. Aun así, el agricultor permanecía.
Resistía con dignidad, cuidando lo poco que la tierra le daba y esperando mejores tiempos.
Respeto por la tierra
La agricultura de antes no era solo trabajo.
Era respeto por la tierra. Era aceptar que no todo estaba en manos del hombre.
Cada grano se cuidaba. Cada cosecha se valoraba.
Cierre
Hoy, estas historias viven en la memoria de los abuelos y en los surcos de la tierra.
Recordarlas es honrar a quienes sembraron con fe, trabajaron con dignidad y vivieron guiados por la luna, el cielo y la tierra.
Cultura Zacatecana preserva estas memorias para que no se pierdan con el paso del tiempo.
Documental

