Origen
Nací a finales de los 1940’s. Nunca fui a la escuela. Aprendí a trabajar desde chico, en el campo y a caballo.
Éramos gente de pocas cosas y de mucha necesidad. Vivimos tiempo en casas prestadas y salimos adelante como se podía.
Mi padre trabajaba el campo. Así fue nuestra vida desde el principio: trabajo duro y lo que Dios mandara.
Formar familia y salir adelante
Me casé joven, a los veintitrés años. Ya con responsabilidad encima, tomé la decisión de salir a trabajar fuera para poder sostener la casa. No fue por gusto ni por aventura, fue por necesidad.
Con apoyo de familiares pude conseguir trabajo en ranchos, donde aprendí y ejercí oficios del campo:
cuidado de animales, amansar caballos y labores que requieren paciencia y experiencia más que estudio.
Trabajo y aprendizaje fuera del pueblo
Durante años trabajé en diferentes lugares, principalmente en ranchos y después en restaurantes. Empecé desde abajo:
lavando platos, ayudando, aprendiendo sobre la marcha. Con el tiempo fui ganando confianza y responsabilidades.
El trabajo no siempre fue estable. Hubo temporadas buenas y temporadas malas. A veces tocaba regresar, trabajar la tierra otra vez y volver a intentar. Así fue la vida: ir y venir, según se podía.
Establecerse
Con el tiempo logré quedarme en un mismo lugar. Ahí trabajé más de cuarenta años seguidos, siempre en el mismo restaurante.
Vivía ahí mismo, arriba del trabajo. No fue una vida de riquezas, pero sí de constancia.
Nunca gané mucho dinero, pero siempre trabajé. Y eso me permitió vivir, mantenerme y ayudar a mi familia.
Familia y estabilidad
Después de varios años pude llevar a mi esposa conmigo. Con el tiempo arreglamos nuestra situación y obtuvimos los documentos necesarios para vivir y trabajar con tranquilidad. Todo se dio poco a poco, con ayuda y paciencia.
No sé cómo, pero Dios siempre nos fue ayudando.
Regresar y pertenecer
Con los años pude hacer una casa allá y otra aquí. No son grandes casas, pero son hogares. Lugares donde dormir y vivir con calma.
Siempre me gustaron los caballos. Desde joven tuve animales, los cuidé y participé en las tradiciones del rancho, como la coleadera. Ahí también se iba lo que se ganaba, pero así es la vida del campo.
Reflexión final
Hoy las cosas ya no son iguales. Ya no se puede igual que antes. El cuerpo cambia, el tiempo pasa y la vida se va acabando poco a poco.
Pero aquí estamos. Vivimos, trabajamos y seguimos adelante.

